La fiesta de graduación fue el 17 de julio, pero no
solo festejábamos el haber concluido la secundaria si no también el cumpleaños
de un amigo, que sería mi chambelán a los quince días.
Esa noche estuvo increíble, todo era tan elegante,
las mujeres con su vestido largo y los hombres con su traje, para empezar
bailamos un pequeño baile entre todos, luego las mujeres sacamos a bailar a
nuestros papás y los hombres a sus mamás, también brindamos y pasaron un
pequeño video con los recuerdos que se tenían de la secundaria e incluso
algunos desde la primaria o kínder.
Toda la noche no la pasamos bailando, no me senté
más que para cenar, llevaron banda y mariachi aparte del sonido que ya se
tenía, sin duda fue una noche llena de alegría y muy difícil de olvidar.
Como ya había mencionado antes, solo faltaban quince
días para el mejor día de mi vida, pero en ese tiempo fue de mucho ensayo y
dedicación, porque quería que todo saliera perfecto.
Cuando faltaba solo un día era una emoción
impresionante, pero a la vez algo de nervios, empezó a llegar toda mi familia,
que igual para ellos era emocionante que ya se había llegado el gran día. Aún
recuerdo que en el ensayo que tuve un día antes y ese día en la mañana no era
lo que yo quería, hubo algunas modificaciones que me hicieron pensar que todos
esos ensayos se habían arruinado.
Al entrar al templo, estando frente a Dios, lo único
que hacía era agradecerle el que haya hecho posible ese día tan especial para mí,
me dieron unos nervios en ese momento que no sabía cómo controlarlos, además que
no podía creer que ese día haya llegado, porque se me hizo tan larga la espera pero
a la vez tan rápida, y al llegar al salón y ver todo el arreglo del salón me di
cuenta que lo que estaba viendo era mucho mejor de cómo me lo había imaginado,
simplemente era un sueño hecho realidad.
Los nervios empezaban a entrar de nuevo, pero
también era la emoción que tenía, hasta que uno de los chambelanes me abrazó y
me dijo: -Tranquila Andy, todo va a salir bien, no te preocupes, esas palabras me
dieron una tranquilidad enorme, que solo esperaba el momento para comenzar con
el vals.
Primero salí y caminé alrededor de la pista con mis
padres, me dejaron al centro y comenzaron a presentar a los chambelanes para
poder iniciar el baile; cuando ya todos estaban en sus posiciones, me iban a
agarrar los nervios de nuevo, pero me tranquilicé porque era algo que ya sabía
y que había estado ensayando anteriormente.
En el momento que empezó la música, lo único que
hice fue sonreír y disfrutar el momento mientras bailaba, y así fue, no hubo
nada que me detuviera, yo lo estaba disfrutando al máximo. Cuando se terminó
esa canción todos los invitados comenzaron a aplaudir, e informaron que en el
vals iba a participar mi otro hermano, lo cual a toda la familia le agrado
demasiado; así fue como se inició, primero mis dos hermanos y luego los otros
tres chambelanes bailaron conmigo.
Al terminar todo eso, me hicieron entrega de la
corona y de la última muñeca, para lo cual participaron mis hermanos pequeños,
también se hizo el brindis dirigido por mi padre, dijo unas palabras tan
bonitas que se me quedaran guardadas siempre.
Baile también con mi padre, con mi padrino y con mi
abuelo, pero la otra persona que hacía mucha falta era mi otro abuelo, hubiera
dado cualquier cosa por tenerlo en ese día tan especial conmigo.
Así fue transcurriendo la noche, nos tomaron fotos,
me entregaron los regalos, etc., hasta que se llegó la hora de bailar el show,
el cual no me había salido bien en la mañana, por lo que estaba algo preocupada,
pero no me importó yo quería dar todo de mi en ese baile. Al estar parada en la
pista a punto de empezar, hice lo mismo sonreí y me olvide de todo solo
disfruté el baile que estaba presentando.
No sé porque pero en ese momento me salió mejor que
nunca, fue una emoción tan grande escuchar los aplausos y gritos de mi familia
y de toda la gente que nos acompañaba.
Al terminar pasaron una pequeña presentación donde salían
todos mis amigos, porque anteriormente ya se había presentado uno de mi
familia.
Después de eso no hubo nada que me hiciera dejar de
bailar, solo quería disfrutar porque ese día no se iba a volver a repetir, y
ahora si puedo decir que fue el mejor día de mi vida.
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