viernes, 30 de septiembre de 2016

novela



Más tarde conforme iba llegando la gente, se acercaban a dar el pésame, y te dabas cuenta de que si había gente que apreciaba a tu abuelo. Cuando ya era más tarde nos llevaron a casa de mis abuelos para que pudiéramos descansar, recuerdo que se me hizo bastante difícil el poder dormir; a la mañana siguiente pues nos fuimos a la funeraria, pues más tarde nos iríamos al templo para que se llevara a cabo la misa. Al momento de ir caminando por las calles de la ciudad era muy feo, toda la gente te veía llorar y veías a toda la familia destrozada, cuando llegamos a la Iglesia no pude resistirme, solté el llanto de una forma que nadie me podía calmar.; el dolor que se siente en esos momentos es inexplicable, que solo las personas que lo viven pueden entender lo que es perder a un ser tan querido.
Un poco más tarde lo llevamos para que lo cremaran, ahí tuvimos que dejar su cuerpo y más tarde llevaban las cenizas. Recuerdo que cuando llegamos a casa de mis abuelos, se sentía una gran soledad, porque a pesar de que estaba toda la familia, nos hacía demasiada falta aquel ángel que se nos había adelantado, aún no podíamos creer el hecho de que no estuviera con nosotros, queríamos pensar que el estaba de alguna forma presente entre nosotros.
Todos eso días fueron de luto para la familia, porque aún seguiría el novenario, y teníamos que estar recordando por nueve días más todo lo que había sucedido; en lo personal yo seguía sintiendo esa culpa y dolor inmenso porque no me despedí de mi abuelo, y lo único que yo recordaba en esos momentos de él, era la imagen de verlo sobre su cama ya muerto, y el padre rezando, aunque eso nadie lo sabía, mucho tiempo después fue cuando mis padres se enteraron. Ellos me decían que estuviera tranquila, que mi abuelo ya estaba en el cielo y que no tenía razones para sentirme mal; pero saben, yo no podía dejar de sentir eso, nadie entendía porque seguía tan afectada. Con el paso de los días, de las semanas, de los meses, te sigue el dolor muy en el fondo, lo único que pasa es que te vas acostumbrando a vivir con ese dolor, además cada uno tenía sus actividades y teníamos que seguir adelante.
Al mes siguiente fue la clausura de la escuela, en donde la escolta de la que yo formaba parte iba a recibir la bandera de las egresadas, ese día fue muy padre para mí, aunque los nervios no se quitaban. Ya cuando entre a sexto año, pues sabía que seguiría ensayando con la escolta, pero ahora para desfilar el 16 de septiembre; cuando la fecha se fue acercando más nos sacaban a la calle para ensayar y que el día del desfile saliera todo perfecto, pero para esto tuvimos también que buscar zapatos, listón y todo igual para todas. En ese tiempo mi madre estaba en reposo, pues la habían operado, así que me toco ir a buscar todas las cosas yo sola. Cuando llegó el día del desfile, pues si estaba muy nerviosa, siempre me ponía así, pero lo que realmente me gusto y aprecie demasiado fue que mi madre a pesar de que no se podía mover, fue a verme desfilar, y a ponerme confeti.
Todos los días yo trataba de disfrutar al máximo la escuela, puesto que ya era mi último año y quería llevarme un buen recuerdo de todos mis amigos y compañeros.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Novela



El 31 de mayo del 2015 fuimos por última vez al doctor, todos sabíamos que mi abuelo se quedaría internado algunos días; en el camino él iba molesto porque no quería quedarse y solo se quejaba de lo mal que se sentía. Al llegar al hospital le sacaron unos estudios, en donde se dieron cuenta que ese maldito cáncer ya había invadido todos los órganos, así que le dijeron a mi abuela y a mi padre que ya no tenía caso internarlo, ya que le quedaba muy poco tiempo de vida, podía ser un día, una semana, un mes, no se sabía, pero lo que definitivamente era lo mejor, era llevarlo a casa y solo esperar la hora. En ese momento supimos lo que pasaba, pero a mi abuelo solo se le dijo que no era necesario internarlo, así que nos regresaríamos a Zacapu, tal vez en ese momento mi abuelo pensó que se encontraba mejor, por eso no se había quedado, porque su actitud de regreso a Zacapu fue totalmente diferente, ahora ya estaba un poco más contento, que llegamos a Quiroga por una nieve, estuvimos en la plaza y a él lo veía tan contento disfrutando de su nieve de limón, que no me podía imaginar cómo sería mi vida cuando el ya no estuviera conmigo. Era algo bastante difícil para todos, así que se les avisó a mis tías que vivían en diferentes lugares, una en Tabasco y otra en Jalisco que se vinieran lo antes posible. Al día siguiente todo estuvo algo tranquilo, pero en algunos momentos mi abuelo se sentía más mal, ya no se podía mover por sí solo, así que se decidió que mi padre fuera a la ciudad de México por mi tía que iba en autobús desde Tabasco. Así que el 2 de junio por la madrugada se fue mi padre, y pues yo fui a la escuela como un día normal, a la salida tuve que ir a la casa de un compañero a hacer un trabajo en equipo; más tarde fueron mis padres por mi y nos fuimos a la casa de mis abuelos, cuando llegue ya estaban todos ahí, mis primos, mis tías, pero mi abuelo estaba acostado, por lo que no lo quise molestar, pensando que estaba dormido, así que me fui con mis primos a jugar al patio que se encuentra en el tercer piso. Un poco más tarde baje y vi que todos estaban en el cuarto con mi abuelo, estaba un padre rezando, mi abuelo materno que es doctor y se oían mis tías llorar, por lo que inmediatamente supuse que ya había fallecido mi abuelo, pero me dijeron que me fuera; cuando regrese con mis primos no les podía decir nada, puesto que yo aún no me hacía la idea o estaba segura de lo poco que alcancé a ver y que estaban mucho más chicos que yo. Unos minutos más tarde mi madre subió, y no fue necesario que dijera alguna palabra, solo movió la cabeza e inmediatamente supe que era verdad, que mi abuelo ya había fallecido, así que me solté a llorar como nunca lo había hecho, era un dolor tan grande, que es difícil de describir, en ese momento mis hermanos y mis primos les paso los mismo; pero yo por más que intentaba tranquilizarme no podía, me sentía tan mal, que hasta un poco de culpa sentí por el hecho de que yo fui la única que no fue a saludarlo, que eso era como una despedida por parte de nosotros, porque él no tenía la más mínima idea de lo que le estaba pasando.
Todo eso sucedió aproximadamente a las 6:00 de la tarde, así que en lo que preparaban todo lo del funeral, la misa, etc. Se hizo de noche, nos fuimos al funeral y ahí también fue un dolor tan grande, ver ese ataúd y pensar que el que se encontraba ahí era tu abuelo, que había sido como tu otro padre por 11 años y que a pesar de que su carácter era algo fuerte, el había dado todo por verte sonreír, que todas esas cosas que aprendías día a día con él, se habían terminado, que ya no podrías llegar corriendo a saludarlo y quedarte platicando horas y horas con él; todo eso y más, era algo que yo todavía no podía asumir.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Novela



Pero mientras tanto pues yo tenía otras ocupaciones y como lo mencione anteriormente estaba en el catecismo, pues en el mes de agosto sería mi Primera Comunión junto con la de mi hermano, así que aprovecharon para también bautizar a mi hermano más pequeño. Fueron meses de mucha preparación, y también algo difíciles, pero finalmente llego el día, ya era 22 de agosto del 2009, donde teníamos que ir a misa para que fuera la celebración, al terminar pues todos nos fuimos al salón, ahí creo que fue el momento que más disfruta toda la gente, ese día pues pudimos estar con toda la familia, tíos, primos, abuelos, algunos amigos y que algunos teníamos tiempo sin verlos, en fin fue un gran día, lleno de diversión, alegrías, baile, etc. También cómo olvidar la desvelada que nos dimos, puesto que al día siguiente teníamos que levantarnos temprano porque haríamos nuestra confirmación, pero ya todo fue más sencillo, solo la familia más cercana estuvimos en la comida.
Fue pasando el tiempo y entre a cuarto de primaria, ese año fue uno de los mejores, la maestra que me dio clases me caía muy bien, para el día de las madres tuve la oportunidad de bailar en el festival, al igual que en los demás festivales. Pero cuando realmente disfrute más fue en quinto año, aunque también fue uno de los años más difíciles de mi vida.
Durante ese año a mi abuelo paterno le diagnosticaron cáncer, lo cual fue una noticia demasiado fuerte para toda la familia, pero aún se creía que podía hacer algo.
En marzo del 2011 me hicieron una fiesta de cumpleaños con algunas amigas, aunque mi cumpleaños fue en enero ese día lo disfrute muchísimo, nos mojamos, jugamos con globos de agua, etc., a la hora del pastel, cuando le mordí al pastel me aventaron que me quedé toda embarrada de pastel, la verdad ese día me divertí mucho.
En ese tiempo mi abuelo ya estaba algo enfermo, que se la pasaba en cama acostado, recuerdo que ese día terminando la fiesta fuimos a verlo, y durante mucho tiempo fuimos a Morelia, Zamora con distintos doctores para que pudiera curarse o controlarlo un poco más.
Meses después en la escuela eligieron a las que formarían parte de la escolta, puesto que se necesitaba  ensayar para cuando fuera la clausura, para la entrega de bandera; entonces yo fui una de las elegidas, estaba tan feliz porque eso era lo que yo quería. Al poco tiempo empezaron a ensayar, lo que yo quería era ser la abanderada, pero no me eligieron, pero aún así yo era feliz.
Lamentablemente mi abuelo cada vez estaba más enfermo, ese maldito cáncer lo estaba invadiendo, y por más que intentamos ayudarlo con las transfusiones de sangre, tanto medicamento etc., esto parecía que no funcionaba, pero mi abuelo no sabía que tenía cáncer y que en cualquier momento ya no se iba a poder nada, tal vez eso era lo que le daba fuerzas para seguir adelante, el lo único que quería era curarse, y eso fue por lo menos un año. Hubo una ocasión que se puso tan mal que se quedó internado en Morelia algunos días. Realmente mi abuela en ese sentido lo ayudo demasiado, lo apoya y le daba ánimos para que siguiera adelante, porque si se enteraba que iba a morir, por el carácter que tenía iba a ser lo peor, tal vez no hubiera ni aceptado toda la ayuda que se le daba, porque a el ya le molestaba estar enfermo y que no se pudiera controlar, pero solo nosotros sabíamos que eso no iba a pasar.

sábado, 10 de septiembre de 2016

novela



Pero finalmente llegó el día, el día en el que saldría del preescolar, el día en que bailaría mi vals y me entregarían mis papeles, pues era el día de mi graduación fue un día muy bonito, el cual disfrute, tal vez no era gran motivo para festejar, pero el simple hecho de que una pequeña etapa de mi vida concluía, que ya tenía seis años de edad y que en poco tiempo ingresaría a una nueva escuela, con nuevas maestras, con nuevos compañeros era algo que a mí me seguía entusiasmando y más el pensar que varios de mis compañeros estaríamos juntos de nuevo.
Pasó el tiempo y ya era hora de volver a la realidad, levantarse temprano y prepararse para ir a la escuela; sinceramente me sentía nerviosa, pero era más la emoción de que al fin entraría a la primaria. El día que fui por primera vez entre y pude observar a muchos niños, me daba un poco de miedo, era algo tímida que a los únicos que les hablaba era a los que ya conocía, pero con el paso de los días empecé a conocer nuevas personas, las cuales se hicieron mis amigos; recuerdo perfectamente a una niña que se hizo una gran amiga para mi, que me la pasaba relativamente todo el tiempo con ella, nos sentábamos juntas en el salón, en recreo estaba con ella, jugábamos, etc.
Conforme iba pasando el tiempo fui conviviendo con todos, y cuando entre a segundo de primaria entraron compañeros nuevos; pero así como llegaron unos, se fueron otros. Realmente al principio todo era tranquilo, pues no eran grados tan difíciles, pero cuando se me hacia pesado era cuando me iba de vacaciones, porque tenía que entregar todos los trabajos y tareas. Más adelante empecé a ir al catecismo para comenzar a prepararme para hacer mi primera comunión, lo cual a mi no me gustaba, pero tenía que hacerlo.
En el 2008 me enteré que tendría otro hermano, esa noticia fue la mejor me pudieron haber dado en ese momento, pues desde tiempo atrás mi hermano y yo queríamos tener un hermano más; así que para diciembre de ese mismo año, en cualquier momento sabíamos que iba a nacer ese bebé que ya todos esperábamos con ansias. La noche del once de diciembre, estábamos cenando tranquilamente con mi familia, cuando a mi madre se le reventó la fuente, al principio no quería decir nada, puesto que mi padre no se encontraba, el venía en carretera desde la ciudad de Guadalajara, entonces lo que hizo fue esperarse y comentarle a mi tía que es doctora, ella le ayudó y cuando llegó mi padre se fueron inmediatamente al hospital, pues la atendería mi abuelo, esa noche tuve que dormir con la angustia de que era lo que iba a pasar. Al día siguiente llegó mi padre diciendo que ya había nacido mi hermano, y fue una emoción impresionante que quería ir a verlo en ese instante, lamentablemente era doce de diciembre, fecha en la que mis padres tendrían mucho trabajo, pues un mes antes abrieron un negocio de joyería, así que con mi hermano tuvimos que ayudar; finalmente cuando cerraron el negocio fui a conocer a mi hermano, cuando lo vi sentí una sensación muy bonita, pude cargarlo, era tan pequeño que me daba miedo lastimarlo, esa noche cuando dieron de alta a mi madre nos fuimos a casa, donde ya todo estaba listo para la llegada de mi madre y de ese bebé que nos cambiaría la vida. Durante todos esos días yo era la que estaba un poco más al pendiente de mi madre, pues ella tenía que guardar reposo suficiente para estar mejor, así que mi abuela solo iba para ayudar a mi madre a bañar al bebé, y pues igual recibía visitas de toda la familia.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Novela



Hoy vinieron a mi mente muchos recuerdos, desde que era pequeña, aproximadamente con unos cuatro años edad cuando mi única ilusión en ese momento era poder entrar a la escuela, aprender muchas cosas, tal vez a leer, escribir, contar, etc.; pero era algo que a mis padres de algún modo les entristecía el saber que su primera hija estaba creciendo, que las cosas iban a cambiar a partir de ese día, que el tiempo iba a pasar tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos ya no iba a ser una niña.
El primer día que fui a la escuela era la niña más feliz, era tanta mi felicidad que ni siquiera me percate de que a mi madre se le salían las lagrimas de verme entrar por esa puerta, y por lo tanto mis únicas palabras fueron — ¡Adiós Mami!
Cuando entre a ese salón pude apreciar a muchos niños, tantos que quería que todos fueran mis amigos; me alegro que no se me haya hecho tan difícil encontrar con quien juntarme y pasar un momento agradable, sin embargo hubo algunas excepciones, no todos los niños que se encontraban ahí les agradaba el hecho de que yo quisiera hacerlos mis amigos. Con el paso de los días hice unas muy buenas amistades, que para mi en ese momento eran mis mejores amigas, tal vez por el hecho de que era la primera vez que hacia amigas; recuerdo perfectamente que tenía un grupo de amigas con las que jugaba y me divertía en recreo, tanto lo recuerdo que podría mencionar a detalle a que nos gustaba jugar y con quienes, pero no le veo el caso a recordar tanto, porque eso era algo que solo ellas y yo entendíamos. Lo que definidamente me marco mi vida durante el preescolar fue el hecho de que dos de las compañeras que tenía se encargaban día a día de hacernos sufrir, solo se la pasaban molestando a todos, por suerte a mi no me tocó la gran cosa, lo único que me llegaron a hacer fue quitarme la silla antes de que yo me sentara para caer al suelo, hasta que llegó un punto en el que me desesperaron de que siempre era lo mismo y comencé a defenderme.
Pero no todo en ese tiempo fueron enojos, también hubo alegrías y momentos que disfrute como nunca; para diferentes ocasiones presentamos bailes en los que bailábamos en parejas, recuerdo mucho una vez en la que todas las niñas querían bailar con un niño que para todas era el más guapo, pero yo fui la que bailó con él, así que en  ese momento todas me odiaban, pero yo no le tome tanta importancia. Otra de las cosas que me gustó mucho fue el haber participado en la escolta, era algo que me gustaba mucho, lamentablemente no fui la abanderada pero de igual manera fue algo que disfrute.
Sinceramente el preescolar fue una etapa que me gustó mucho, porque también me entusiasmaba el hecho de poder hacer más cosas, y lo primero que llegaba a hacer a mi casa era la tarea. Durante el tiempo que estuve ahí, también entró mi hermano, pero él era todo lo contrario a mí, no le gustaba para nada la escuela, lloraba cada vez que iba, por lo que mis padres decidieron que el hiciera los tres años de preescolar.
También es imposible olvidar las fiestas de cumpleaños que les hacían a mis compañeros, ese día solo íbamos al festejo, como también las clases de educación física, porque nos llevaban a la unidad deportiva, y así podíamos correr con un poco de más libertad.